Bueno, como se ve e la foto, ayer volvimos a tener mucha suerte.
Hizo un tempo maravilloso y la luz que había en la aldea donde se asienta este restaurante convertía al paisaje en un paisaje de postal. Las laderas, verdes verdes, con las ovejas latchas y los caserios y casas de piedra de este pueblecito situado en la falda de una montaña desprenden una paz y un sosiego total.
El comedor desprendia esa atmosfera que da la luz seca de primavera.
En la casa nos esperaba un almuerzo de muchas pequenas raciones, todas con un leve punto, extraordinario para muchos, de leña quemada.
Sara es la persona de la familia con más olfato y paladar y dijo que en algún caso, como el arroz, el punto era excesivo y ocultada los sabores de los alimentos… yo voy camino de los 47 y quizás tenga los sentidos algo atrofiados… no digo que no pueda ser.



