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Feb 04

Almejas Tira Do Cordel y otras novedades

Hoy es el primer día desde hace mucho tiempo en que hemos podido almorzar todos juntos en casa: Sara acaba de acabar sus exámenes y Alex está preparándose para las pruebas preparatorias del Bac.

Esta mañana entre cosas pendientes hemos pasado por Pescaderías Coruñesas y he decidido hacer unas almejas al estilo Tira Do Cordel y  de segundo unos sapitos al horno con patatas confitadas en rabanera con ajo y cebolla que María compró el sabado en Mercadona. De postre, una versión de Paulova que me comentó un cliente el otro día y que creo que puede entusiarmar en casa a Maria y a Sara : una paulova de chirimoya. Dejaré otra paulova clásica (fruta de la pasión, mango maduro, fresón etc..) para Alex.

Para los que no lo conocen, Tira Do Cordel es un restaurante del fin del mundo que atrae a un público cada vez más exigente y “avertis”.

El lugar es un lugar de ensueño. Las olas, literalmente acarician la puerta y cuando hay marejadas fuertes invaden incluso el comedor. Por la mañana el dueño da carajillos y cafés a su grupo de amigos pescadores con la pesca recien traída y la piel más gruesa y llena de surcos que el sofá de piel de Roche Bobois de casa.

Fisterra, Finisterre, donde acaba la tierra es el pueblo que alberga este restaurante legendario. Muchos piensan, yo incluído que no es posible degustar una lubina mejor que la que allí hacen a la brasa. Realmente, vale el viaje. Pero hacen otras muchas cosas soberbias, como estas almejas que probamos cada vez que vamos. La verdad es que echo mucho de menos ir allí. Pasamos veranos maravillosos con los niños aún pequeños y añoro esos tiempos felices y despreocupados.

Volvamos a las almejas TIRA DO CORDEL: las almejas se dejan con agua y sal 30 minutos antes de comer. Se abren con un poco de agua en una sartén caliente. Se van sacando según se abren y se deja que toda el agua se evapore. Se añade entonces un chorro generoso de aceite de oliva virgen, se añaden las almejas que se marean un poco para “pilpilearlas” un poco. Se aparta del fuego y se añade un chorro de vinagre balsámico. Si se remueve la sartén se crea una emulsión y si no se remueve se quedan gotas de aceite muy estéticas.

Impresionantes.

La receta de los sapitos es también una gozada: se marcan en la sarten las colas a fuego máximo para dorarlas. Mientras, en el horno precalentado a 200º, se hornea una fuente llena de patatas peladas y cortadas a rodajas con cebolla cortada a pluma y aceite. Estas patatas se confitan a 200º durante 20 – 30 minutos según el grosor de la patata. Después de probarlo, por cierto,  María me ha dicho que deberíamos poner este plato porque realmente está sensacional.

Una vez confitadas, se cuelan y se meten en una bandeja con muy poco aceite y las colas encima a 200º entre 10 y 15 minutos segun el tamaño de la cola. Estas colas eran grandes y han estado 15 minutos.

Hemos disfrutado de un almuerzo tranquilo y de una comida excepcional. La paulova de chirimoya me ha encantado aunque le faltan dos cosas: mejorar la estética demasiado monocromatica y combinar con alguna fruta más que añada más persistencia y profundidad.

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